300 Años del Volcán de Garachico

Era aquél un bello día de primavera. Una primavera tan lejana que pasó por la tierra hace doscientos cuarenta y nueve años… Pero todas las primaveras son semejantes, y aquélla tenía, como la de hoy, como la de mañana, delgado el aire, cantarines los pájaros, tamizada la luz. Era, pues, un bello día de la primavera de 1705, y era en el puerto de Garachico, la perla de Nivaria, el más próspero de la isla, donde fondeaban diariamente naves venidas de todos los confines del planeta. Tenía ese puerto una elegante curva de herradura con boca angosta seguida de buen ensanche y mejor calado, que permitíale albergar crecido número de embarcaciones, ofreciendo a la vez seguro resguardo para las contingencias de un mar siempre batido por el viento. Otras eran también las razones que contribuían al florecimiento de su litoral, entre ellas tres muy poderosas, como el abastecimiento de los navíos de vuelta de las Américas, el cultivo del gusano de seda y el de las viñas generadoras de los famosos vinos de Malvasía, los más apreciados en el mundo de aquella época y cuyo secreto desdichadamente parece que se perdió más tarde en la noche de los tiempos. Estos productos de la tierra se embarcaban por allí mismo con destino a los dos continentes, y, siendo como eran tan solicitados, no es de extrañar que se multiplicaran en el puerto agentes de compañías nacionales y extranjeras, consignatarios, armadores, casas de comercio y de contratación. Todos los oficios y profesiones en torno al manejo y desarrollo de esta riqueza del país estaban allí representados, y hacia Levante se extendían los barracones de los carpinteros de ribera martillando todo el día y calafateando el esqueleto de los barcos; hacia el Poniente los talleres de toneleros y talabarteros; al fondo, los bosquetes de moreras, y más al fondo, pegados ya a las faldas del Teide, cubiertas de viñedos, los grandes lagares, que sólo se permitían fuera del recinto urbano a causa de las emanaciones del zumo de la uva al fermentarse durante la época de la vendimia. (Dulce María Loynaz).

Un paisano podía cazar y pescar al mismo tiempo, porque llegaba el bosque hasta la bahía. Esta era admirable: de las casas que la rodeaban y de un paseo que llamaban de Barandas, se alcanzaban las mercaderías y se hacían los ajustes con los navíos y los barcos, como si fuesen tiendas. Aquí estaba el comercio de América y del Norte. Había grandes almacenes, vivían muchos caballeros de título y de las órdenes militares; casas como palacios, excelente iglesia parroquial, un hospital, tres conventos de religiosos y dos de monjas; por eso se decía “Garachico, puerto rico”. Ya en 1645 lo había anegado un gran diluvio; ya el mar embravecido le había destrozado muchas veces; ya el fuego le había devorado más de cien casas en la calle de abajo. Pero estaba reservado para un volcán el consumar la obra de su ruina, a que, por decirlo así, habían conspirado los elementos. El día 5 de mayo de 1706 reventó por la cima del alto risco y corriendo arrebatadamente sobre el pueblo aquel feroz torrente de peñas y materia encendida en dos brazos, trastornaba y reducía todo a cenizas. Un brazo tupió el puerto, retirando el mar y dejando sólo un caletón incómodo, aun para los vasos pequeños. Otro abrasó la iglesia parroquial, el convento de San Francisco, el monasterio de Santa Clara y toda la calle de arriba, donde estaban los edificios más suntuosos, de que se conservan nobles fragmentos. Apenas tuvieron tiempo y valor aquellos habitantes para huir de la nueva tierra de Pentápolis. Mujeres, viejos, niños, religiosas, enfermos, unos a caballo, otros a pie, otros por la mano, otros a rastros, salieron de tropel hacia Icod, cargados de las alhajas más preciosas. Mucho resplandeció en esta catástrofe la generosidad del ayuntamiento, contribuyendo sobre todo con un subsidio para conducir las religiosas a La Laguna; pero mucho más la generosidad del general don Agustín de Robles, que, habiendo asistido con el mayor desvelo al alivio de este desastre, gastó más de 3000 pesos de su caudal para llevar desde muy lejos el sustento a aquellos vecinos errantes y facilitarles caballerías para el transporte. La pérdida fue imponderable y la mutación del terreno espantosa. El “antepecho de esmeraldas” pareció cubierto de tostadas bayetas. Desaparecieron las viñas, las aguas, los pájaros, el puerto, el comercio y el vecindario. (Viera y Clavijo)

…i otro el de Daute, del que es cabeza el lugar de Garachico, que fue de los más ricos, de mayor comercio, i de más nobleza de la isla; pero después del bolcan, que tupió su buen puerto, , i quitó sus aguas, solo ha quedado la ruina. (Lope A. de la Guerra)

La fundación de Garachico data de 1496, fecha en la que el Adelantado Fernández de Lugo cedió amplias zonas de terreno en el lugar, al banquero genovés Cristóbal de Ponte, a quien ha de considerarse como el fundador de la hoy Villa y Puerto.

Cristóbal de Aponte, ginovés, que estáis presente. Un pesazo de tas. q. son en Dabte, entre Icode y Garachico, q. llegan hasta la mar…1-VII-1947

El nombre de Cristóbal de Ponte se vincula a los de Mateo Viña:

Cristóbal de Aponte, vº de esta isla. Por cuanto yo hobe dado a vos—–ciertas tas. e aguas q. son en Garachico, las cuales vos he dado en ciertas veces en ciertas escrituras q. de mi nombre tenéis firmadas, por la presente yo confirmo todo lo q. así vos tengo dado e quiero e es mi voluntad q. desde vuestro molino q. agora tenéis q. es en el agua de Mateo Viña fasta el monte…30-X-1503

Y Agustín Italia ó Interián (banquero que adquirió de Mateo Viña parte de sus propiedades), también genoveses y que mantuvieron, asimismo, grandes extensiones de tierras, donde se instalaron los molinos de azúcar que significaron la primera y más importante riqueza del lugar. En seguida alcanzó notoriedad debido en gran parte a su puerto. Prospera rápidamente y las familias más poderosas se instalan allí y construyen fantásticas casas y mansiones.

Entre los primeros propietarios de tierras en Garachico debemos destacar:

PROPIETARIO DATADO

DATA

PROPIETARIO DATADO

DATA

Cristóbal de Aponte

1-VI-1947

Ruy Blas

10-I-1501

Hernando Avero

8-III-1512

Mateo Viña

30-X-1503

Pedro Martín

22-XII-1503

Fr. Juan de Soria

22-XII-1503

Juan de Regla

13-IX-1507

Juan Cabeça

26-X-1508

Pedro de Vergara

25-XII-1500

Antón Martín

1-VI-1511

Gonzalo Díaz

25-XII-1500

Lope de Fuentes

13-IV-1506

Diego de León

4-XII-1500

Alonso Gómez

24-XI-1501

Juan de Aguirre

12-IV-1523

Gonçalo Machado

7-XI-1522

Lope de Fuentes

21-IV-1501

Pedro Martín Castellano

25-VIII-1516

Juan de la Torre

13-II-1514

Marcos García

3-III-1524

El primer alcalde de Garachico fue Juan de Regla, nombrado por el Licenciado Brizianos, como juez de residencia del Adelantado en 1518, natural de Casas de Reina, en el maestrazgo de Santiago y suegro de Fabián Viña Negrón, el que levantó y fue primer alcalde del castillo de Garachico y de la Caleta de San Pedro a Diego de Solís, construyó la ermita de San Andrés en la caleta de Interián y según consta en las datas:

…y mando a Antón de Vallejo que lo siente en el libro de repartimientos de esta isla, y a Juan de Regla, mi alcalde de Garachico, y a Rodrigo Fernández, escribano público…3-III-1524.

Así mismo en los primeros años del siglo XVI, se nombran alguaciles para la zona de Daute, como vemos en la siguiente demanda:

1525 diciembre 16. Toledo. Al teniente gobernador de Tenerife, para que determine en la demanda presentada por Juan Contreras, vecino de Tenerife, que pide confirmación del alguacilazgo de Icod, Garachico y Buenavista que le concedió el Adelantado don Alonso Fernández de Lugo y que ha tenido por espacio de seis años. Compostelanus. Santiago. Aguirre. Acuña. Vázquez. Medina.

Debido a la creciente oleada de piratería se construyó en 1575 el castillo fortaleza de San Miguel, por el entonces alcalde Fabián Viña Negrón, por Real Cédula de 25 de julio, de Felipe II. Fabián Viña fue nombrado Alcalde perpetuo de la fortaleza por Real Cédula de 19 de noviembre de 1579, hasta su muerte acaecida en junio de 1584. Restaurado en 1640 por Fernández de Córdoba coincidiendo con la sublevación de Portugal, restaurado nuevamente en 1697 por un incendio a cargo Juan del Hoyo Solórzano. Salvado de la erupción del volcán fue nuevamente restaurado en 1706. En su fachada y puerta principal está todavía adornada por bellos escudos de armas: El Imperial de Carlos V en el centro, el del Gobernador Álvarez de Fonseca y otro que aunque deteriorado parece ser el de los Viña Negrón a la derecha y el de la isla de Tenerife y familia del Hoyo a la izquierda. También remata la puerta una cartela de piedra que recuerda como la mandó construir en 1575 el Gobernador D. Juan Álvarez de Fonseca.

Del inventario hecho el 18 de febrero de 1588 por el Alcalde de esta fortaleza Martín del Hoyo Abarca, se sabe que carecía de munición, pólvora y hasta de artillero:

7 picas con sus hierros, una caja de tambor de guerra rota con sus pergaminos maltratados, 7 piezas de artillería de hierro colado encabalgadas, dos pasamuros desencabalgados, dos atacadores y dos cucharas, 22 pelotas de hierro pequeñas y grandes empiladas fuera de la fortaleza y junto a ella, dos pasamuros de hierro desbaratados del todo.

En 1788 estaba artillado con 3 cañones de a 16, 3 de a 12, 2 de a 8 y 1 mortero de a 9, guarnecido por 1 oficial, 1 sargento, 2 cabos y 13 soldados, previsto su aumento en tiempo de guerra a 3 oficiales, 3 sargentos, 5 cabos y 80 soldados.

Tal riqueza se hizo posible, no sólo por la feracidad de las tierras roturadas, sino por la proximidad de la cala natural que guarecía de los temporales a los navíos que, a lo largo de casi tres centurias, se acercaban a la costa de Garachico para desarrollar en ellas un comercio que tuvo pronto extraordinarias proporciones.

…Antonio Afonso tiene que tomar la carga en el puerto de Garachico…

Francisco Yanes, vº. de Tavira, est. en Tenerife, maestre del navío “Santo Espíritu” surto en el puerto de Santa Cruz, lo fleta a Tomás Justiniano, vº., para ir al puerto de Garachico…

Fue el de Garachico el más importante puerto de la isla en los siglos XVI y XVII. Por él eran embarcados los principales productos norteños, entre los que el azúcar, la cochinilla y el vino tuvieron principal preponderancia: el azúcar de los cuatro ingenios de la comarca y el vino malvasía tan celebrado en Europa. Los barcos que zarpaban de Garachico partían hacia Yucatán y Río de la Plata; hacia Flandes e Inglaterra; hacia Francia o Angola. Su regreso era aguardado con expectación desde las atalayas construidas en sus propios domicilios por los más adinerados comerciantes. Y no era para menos tal expectación si se tiene en cuenta que las naves traían paños ingleses, obras de arte, especias de oriente, telas francesas…

El ingeniero italiano Leonardo Torriani nos describe el puerto de Garachico de la siguiente manera en 1590:

…La entrada del puerto es estrecha, y dicho puerto está de tal modo azotado por el viento del norte, que los navíos que se hallaran entonces en el puerto, se pierden todos inevitablemente. Esto se podría remediar con poner a la entrada dos muelles…y, como no son grandes, en poco tiempo, se podría terminar. Tampoco requerirán mucho gasto y, en cambio serían de mucho proyecto para la protección del puerto, porque en aquel punto, por el lado de la villa, se le podría añadir un pequeño castillo…

Todo el apogeo y riqueza desaparecieron en el calamitoso suceso vulcanológico del año 1706. Antes había sufrido Garachico toda una larga teoría de desgracias: incendios, maremotos, inundaciones, pestes, vendavales etc., (como la epidemia de peste bubónica ocurrida entre 1601 y 1606, la plaga de la langosta africana de 1659 que arruinó todas sus cosechas, el incendio de 1692 que destruyó ocho casas, etc.) de los que supo siempre rehacerse. Hasta que la erupción comenzada el 5 de mayo de 1706 y que había de durar hasta el 13 de junio, en que se consideró ya extinguida, significó que casi quedara cercenada la vida comunitaria de la ciudad. No sólo desaparecieron casas y calles, palacios e iglesias, sino que el puerto, su principal riqueza y la razón de su subsistencia, resultaron maltratado por la furia del volcán, que lo obstruyó implacablemente, reduciéndolo a una pequeña rada que contrastaba con la amplitud de la ensenada natural que el fuego había cegado. Según cuentan las crónicas los temblores se percibieron por los marineros a veinte leguas del puerto y la llegada de tres ríos de lava cubrieron el lujo y el esplendor del pueblo. La llamada “Puerta de Tierra” entrada a Garachico quedó muchos metros atrás de su original emplazamiento marítimo. La Iglesia del Convento de Santo Domingo fue respetada por el volcán y fue construida sobre la primitiva ermita de San Sebastián. Quien no se salvó fue la iglesia de Santa Ana ya que la actual corresponde a la segunda década del siglo XVIII y San Roque se reedificó en 1736.

Bajo la dirección del que era alcalde mayor en ese desafortunado año Fernández de Vergara, comienza la reconstrucción del puerto y pueblo, consiguiendo en 1737 un presupuesto de 41.000 reales para limpieza y desescombro de puerto y caleta.

Parece natural que un puerto que tuvo almojarife y que se organizó administrativamente, cobrando derechos y tasas de exportación, así como cánones de entrada, sirviera de punto de arranque y luego de crecimiento y esplendor al lugar en que estaba ubicado. Alrededor del puerto surgió una población cosmopolita en la que se instalaron mercaderes y comerciantes que mantuvieron, con su situación privilegiada, un emporio que se mantuvo firme hasta los comienzos del siglo XVIII. En el que, además de familias nobles y adineradas, tuvieron asiento varias comunidades religiosas: franciscanos, agustinos, dominicos, monjas claras… y un número bastante crecido de artistas plásticos: escultores, plateros, canteros, pintores,… que mantuvieron al mayor nivel el ambiente cultural de la zona, con especial incidencia en la escuela de escultura creada en torno a Martín de Andujar, cuyo taller contó con valiosos alumnos, entre los que cabe destacar el gomero Francisco Alonso de la Raya y el natural Blas García Ravelo.

Para la historia de Garachico es muy importante la denominada Saga de los Ponte:

1. Cristóbal de Ponte.- Nace en Génova en 1447 y fallece en 1532, considerado el fundador de Garachico.

2. Juan de Ponte y Fernández.- Nacido en Garachico en 1542, pasa a América donde ostenta la alcaldía de Caracas en 1606.

3. Juan de Ponte Rebolledo.- nace en Garachico en 1566, hijo de Juan de Ponte y Fernández, pasa con su padre a Venezuela y ocupa los puestos de regidor perpetuo y fuel ejecutor del ayuntamiento del Ávila.

4. Tomás de Ponte y Fernández.- Viaja igualmente a Venezuela y ocupa la alcaldía de Caracas en 1613.

5. Nicolás Eugenio de Ponte y Hoyo.- Nace en 1667 y parte igualmente para Venezuela, donde entra en la Capitanía General de Venezuela, muere en 1703.

6. Cristóbal de Ponte y Xuarez.- Maestre del tercio de milicias de Garachico y marqués de la Quinta Roja a finales del siglo XVI.

7. Nicolaso de Ponte y Cuevas.- de la orden de Santiago y señor de las islas de La Gomera y El Hierro, regidor perpetuo de Tenerife.

8. Pedro Ponte Llarena.- Nacen en 1630, nombrado conde de El Palmar en 1686 y Capitán General de Canarias en 1697. Muere en 1704.

9. Pedro Antonio Ponte y Benítez.- alcalde de Garachico en 1773.

Otros desastres como los azotes del mar de 1773 acarrearían grandes desgracias a Garachico:

El 20 de diciembre a las 7 de la noche, habiéndose alborotado el mar, entró en el lugar de Garachico y destrozó las casas en que vivía el marqués de Villafuerte, D. Marcos de Alzola, Doña Anna Monteverde, el Beneficiario Silva y otras en número de nueve, además de otras que tuvieron algún detrimento como también el Convento de San Agustín al que derribó las cocinas y otras oficinas, el de religiosas de Concepción al que abrió las puertas de la iglesia y se introdujo, de algunas de las casas sacó baúles y rompió cuanto había en ellas…Este lugar que fue de los de mayor riqueza de la isla, y en donde estuvo en auge su Nobleza y Comercio, se haya hoy tan destrozado, por un gran incendio, un volcán y varias irrupciones del mar.

Municipio situado en el noroeste de la isla de Tenerife, es una franja irregular cuyo vértice interior discurre por las laderas del Pico Viejo (2.700 m.). Limita por un lado con el municipio de Icod de los Vinos y del otro lado con los municipios de Santiago del Teide y El Tanque. El norte del municipio limita con el mar. Su término municipal es de gran belleza y son numerosos los espacios naturales y parajes. Cerca del 70% de su término municipal es zona protegida, entre los que se encuentran el Paisaje Protegido de los Acantilados de La Culata y el Sitio de Interés Científico de Interián donde alberga un interesante bosque termófilo, con poblaciones de almácigos y palos de sangre. El clima está muy influenciado por los vientos alisios, permitiendo un clima suave y una humedad suficiente para el cultivo de las plataneras. Sus habitantes se dedican a la agricultura (cereales, papas y sobre todo los plátanos). También hay algo de pesca en la que destacan las almejas de La Caleta y las “viejas”. El Monumento Natural del Roque de Garachico, tiene una vegetación característica de tipo basal y sirve de refugio a numerosas aves marinas. Algunas especies de aves están amenazadas como la pardela chica, el Petrel de Bulwer o el Paiño de Madeira.

Garachico ha sido declarado Bien de Interés Cultural en 1994 por el Gobierno de Canarias. La Villa posee La Medalla de Oro de las Bellas Artes, concedida en 1980.

Published in: on enero 8, 2009 at 3:08 pm  Dejar un comentario  

DON CRISTOBAL DEL HOYO SOLORZANO Y SOTOMAYOR

vizconde-02Su vida pudo haber sido la de cualquier noble de su época, despreocupada y ociosa, pero las circunstancias que concurrieron en su persona le encaminaron por derroteros muy distintos. La Carta tiene muy presente la realidad insular hasta el punto que ésta le sirve como modelo constante para corroborar sus ideas.
El 31 de diciembre de 1677 nace en Tazacorte (isla de La Palma) Cristóbal del Hoyo Solórzano y Sotomayor, hijo del capitán de caballos don Gaspar del Hoyo Alzola (natural de Garachico, Tenerife) y de doña Ana Jacinta de Sotomayor.
En Santa Cruz de La Palma inicia su primeros estudios de gramática con el presbítero Manuel de Párraga y Fr. Juan de Leivaj aunque su verdadera inquietud intelectual habría de venirle a través del mar con el comercio y los contactos mantenidos con capitanes y viajeros que trans­portaban, junto a las mercancías y libros prohibidos, las nuevas ideas que empezaban a enseñorearse de Europa.
Su vida pudo haber sido la de cualquier noble de su época, despreocupada y ociosa, pero las circunstancias que concurrieron en su persona le encaminaron por de­rroteros muy distintos.
La ausencia de su padre hacia los gobiernos de América le facilita una vida desordenada en exceso que trae como consecuencia su primer encuentro con la Inquisición, el año 1700, a raíz de unas letanías que cantó, junto con otros amigos, a la sobrina de un inquisidor de La Palma, en unas Carnestolendas.
Esta primera y severa reprensión por parte de la Iglesia fue para nuestro personaje un toque de atención de que existía un estamento muy importante que había que tener en cuenta; y sobre todo para despertar sus inquietudes religiosas que, hasta ese momento, se alimentaban de la rutina y la tradición.
En 1703, siendo capitán de caballos, solicita pasar al primer tercio que estuviese vacante en Tenerife: «Señor: el capitán de caballos corazas don Cristóbal del Hoyo Solórzano y Sotomayor, que lo es actualmente de la isla de La Palma una de las Canarias dice que va para once años que está sirviendo dicha compañía y manteniendo cuatro caballos y un trompeta a expensas de don Gaspar del Hoyo Alzola, su padre, que ha estado gobernando las provincias de la Nueva Andalucía y Nueva Barcelona en Las Indias».
Consigue trasladarse al tercio del Puerto de la Orotava, que mandaba don Tomás de Alfaro. Su faceta como militar se caracterizó por la gran libertad que gozaba para actuar a su antojo, ya que su temperamento no estaba acostumbrado a someterse a reglamentos y órdenes.
En 1706 asiste con su Regimiento a la defensa del puerto de Santa Cruz de Tenerife, del intento de invasión de la escuadra inglesa al mando del General Genning, correspondiéndole la misión de conducir, junto con don Diego Lercary, al enviado que entregó la carta del co­mandante de dicha escuadra: De su paso por el ejército tenemos algunas observa­ciones curiosas relativas a quiénes deben formado, tácticas militares, misiones.
Probablemente, en 1707 solicita un permiso para ir a reunirse con su padre que se encontraba en Francia. Esta circunstancia habría de influir en su formación intelectual, por cuanto fomentó en él un sentido de observación más agudo que le serviría más tarde como patrón para medir su propio Pals.
Regresa a Tenerife en 1910. Viene con el titulo de Vizconde que le había conseguido su padre por Real cédula de 10 de febrero de 1708. Se establece en el Puerto de la Orotava, lugar de su Regimiento, si bien viaja de un lugar a otro de la isla donde tiene familia y amigos.
El Puerto de La Orotava fue, después de 1706, el núcleo comercial más importante de Tenerife. Ello trajo como consecuencia la llegada de extranjeros que se esta­blecieron en el lugar y que posibilitaron la divulgación de las nuevas concepciones de tipo filosófico y religioso, especialmente entre la aristocracia que era la que mantenía el comercio. De estos años es la relación de amistad que sostiene Cristóbal del Hoyo con John Crose, cónsul de Inglaterra, residente en el Valle, quien a través de la conversación y los libros fue un eslabón importante en la formación de nuestro personaje.
En 1714 inicia un segundo viaje, esta vez en compañía del mencionado cónsul y por motivos comerciales, rela­cionados con la salida de los vinos canarios. Pasó primero por Londres y luego por París.

1716 es la época de su retorno a Tenerife. Se establece en Icod de los Vinos dondeconstruye su casa en la hacienda de Alzola que había heredado de su abuela. Viene convencido de que las nuevas ideas son las mejores para su patria chica y se propone, en cualquier ocasión que se le presenta, ser divulgador de las mismas, ya sea con su actitud ya con sus comentarios. Estos le acarrean un segundo proceso inquisitorial en 1717, esta vez a causa. De las opiniones sobre la controvertida Bula Unigenitus que condenaba el Janseniso.
Los problemas no parecen abandonarle. La vida liber­tina durante su juventud y su espíritu aventurero, galante y apasionado parecen ser las circunstancias que los atraen: en 1722, año de la muerte de su padre, dio comienzo una querella matrimonial que le interpone su sobrina doña Leonor del Hoyo, exigiéndole el matrimonio para lavar su honra. Esta acusación de la que, al principio, no se defendió, motivó su prisión preventiva en el castillo de San Felipe del Puerto y después el 24 de abril de 1725 en el de Paso Alto de Santa Cruz de Tenerife, atendiendo a la consideración de su profesión militar.
Esta primera falta de libertad que sufre el Vizconde fue una oportunidad propicia para leer y escribir. Aquí, en Paso Alto, lee a nuestros clásicos del siglo XVI y XVII
Marqués de Nava, para la que fue un constante animador, con el relato de los lances de su azarosa vida.
A fines de ese mismo año es elegido castellano de Paso Alto y Regidor del Cabildo de La Laguna. Su vida trans­curre ya tranquila y sin preocupaciones, pues la única, que sena su hija, está en vías de arreglo, al estar concertada su boda con Fernando de La Guerra.
Muere el 26 de noviembre de 1762 a los ochenta y cinco años y fue sepultado en la iglesia de los Remedios de La Laguna, tal como él lo había pedido en el testamento: «un ataúd de alquiler, sin tumba, ni escudo, ni honra ni salida de misa, ni ofrenda, que todas esas pompas funerales son vanidad e ignorancia de que no se sirve Dios…»
Su vida y obra están estrechamente relacionadas. Fue­ron sus propias circunstancias vitales las que configuraron pensamiento y actitud, y las que, en último término, fueron la fuente de su propia creación literaria.
El papel que el Vizconde de Buen Paso representa para la literatura canaria es el mismo que Fr. Benito Feijoo representó para la
peninsular, salvando distancias y diferencias importantes. La admiración que el escritor canario sentía por Feijoo se manifiesta a través de los juicios desparramados por sus obras: «Yo muriera de hambre primero que cocinar y con Feijoo resuci­tara» (Carta de Lisboa) o con la expresión «doctísima pluma» (Carta desde La Madera), o cuando se manifiesta de esta suerte: «el Maestro Feijoo asienta a que por el polo ártico hubo comunicación…no lo ha pensado Feijoo. Venero sus discursos y los otros, mas éste me parece adivinatorio» (Carta… de la corte de Madrid).La primera gran influencia que ejerce el escritor penin­sular sobre el Vizconde es la actitud crítica y de examen frente a la realidad, que se deriva de enfrentar las apariencias externas de las cosas con su interioridad. La tarea pedagógica que se proponen es idéntica: la de des­engañar al vulgo de los errores admitidos por tradición; pues, como el fraile benedictino, considera a aquél como ignorante e incapaz de un juicio recto. La misma es la técnica que emplean para combatir las supersticiones: unas veces con sencillos argumentos, basados en el sentido común, otras con reflexiones no exentas de humor, y la misma es la finalidad con la que compuso sus dos libros de Cartas, en las Cartas Diferentes, desengañar al común de la actuación de su persona con relación al pleito matrimonial y en la Carta… de la corte de Madrid, de los falsos prejuicios que se tienen de la misma.

Fuente:Tertulia Villera

Published in: on enero 8, 2009 at 2:53 pm  Dejar un comentario  

Cristobal de Ponte

Caballero natural de la ciudad de Génova, pasó a esta isla por los años de 1500, donde casó con Ana de Vergara, hermana de Pedro de Vergara, conquistador, regidor y Alguacil mayor de esta isla de Tenerife. Tuvo del Adelantado, don Alonso Fernández de Lugo, datas de tierras y aguas. Donó el sitio para fundar el convento de San Francisco de Garachico y un real de agua para su abastecimiento. De este convento son patronos sus descendientes. Declara en su testamento por su hija natural a María de Ponte, que casó con Juan Clavijo, y mandó 100 doblas a su nieta Francisca, hija de estos últimos, para su casamiento.

En 22 de febrero de 1527 se presentó Cristóbal de Ponte ante los miembros del Cabildo diciendo que él era notorio “hijo dalgo” (hidalgo) y ser de linaje tan notorio que era uno de los vecinos más ilustres de Génova, como consta de los papeles y testimonios que presentó al tiempo que fue admitido por vecino en esta isla y que habiendo impuesto el Concejo de esta isla sisa general, se le había llevado a él, estando exento de pecho y contribución. En vista de esta representación el Adelantado Mayor de esta isla, estando en Cabildo con el teniente gobernador, cuatro regidores, un jurado y el escribano Antón de Vallejo, mandaron se le devolviese la sisa, ya que por los recaudos que había presentado al tiempo que había sido admitido por vecino, era hombre hijo dalgo; que le amparaban y defendían en la posesión en que estaba y que gozase de las libertades y franquicias que deben ganar los nobles. Estos papeles originales están protocolados ante Francisco Fernández en 20 de abril de 1678, a petición de don Cristóbal de Ponte Xuares, caballero de la Orden de Alcántara.

En sus últimas voluntades manda que sus dos hijos fabriquen y concluyan la fábrica de la capilla mayor del mencionado convento, con toda decencia, que se levantó bajo la advocación de nuestra señora de los Ángeles, donde se trasladaron sus restos y los de su mujer. Con cuya disposición y cumpliendo su voluntad su hijo Pedro de Ponte otorgó instrumento de ajuste con un oficial carpintero para fabricar dicha capilla mayor con un monte de 400 doblas, documento que pasó ante Antón Martín en 1545, al folio 331. Sus hijos otorgaron partición de sus bienes en 16 de mayo de 1554, ante Francisco de Rojas.

Fueron sus hijos: Bartolomé y Pedro de Ponte y la hija natural María de Ponte, que casó con Juan Clavijo, quienes le dieron por nieta a Francisca de Ponte.

Bartolomé de Ponte, hijo primogénito de don Cristóbal, fijo su residencia en Garachico y casó con doña María de las Cuevas, hermana de doña Catalina de las Cuevas y esposa de su hermano Pedro. Testó don Bartolomé ante Juan de Ancheta en 1543, dejando a su mujer como tutora de sus hijos: Cristóbal, Bartolomé y Luis de Ponte, Ana de Vergara y Melchora de las Cuevas; Luis y Melchora murieron niños. A la muerte de su marido, doña María de las Cuevas fundó mayorazgo de sus bienes a favor de Bartolomé de Ponte y sus descendientes, ante Álvaro de Quiñónez en 1580.

Pedro de Ponte, hijo 2º de don Cristóbal, fue regidor de esta Isla y fundador del mayorazgo de Adeje, de su castillo y casa fuerte, título concedido por el Rey Felipe II de España y I de Portugal. Casó con doña Catalina de las Cuevas, cuñada de su hermano Bartolomé. Testó don Pedro ante Juan de Ponte en 1568, al folio 316 de su registro. Tuvieron por hijos a:

a) Nicoloso de Ponte, hijo mayor, 2º señor de su mayorazgo castillo y casa fuerte de Adeje y regidor de esta isla. Casó con doña Ana de Vergara, su prima hermana, hija de Bartolomé.

b) El Maestre de Campo don Alonso de Ponte, hijo segundo, que llevó el segundo mayorazgo y casó con doña Elvira de Vergara y Alzola, su sobrina.

c) Doña Isabel de Ponte, que casó con el capitán don Francisco de Valcárcel y Lugo, regidor de esta isla y 1º Alguacil mayor de ella por su majestad el Rey.

d) Otros hermanos que murieron sin sucesión.

En próximas ediciones hablaremos de Don Alonso Fernandez de Lugo

Víctor Hernández Martín

Published in: on enero 5, 2009 at 12:37 pm  Dejar un comentario  

De profesión mis ignorancias (271)

Quién me iba a decir que, después de tantos años, cuando uno necesita fuerzas y no sabe de donde sacarlas, iba a encontrarme yo con una palabra tan insignificante -en apariencia, al menos- como el pronombre la y que me habría de producir tantos quebraderos de cabeza, tantas situaciones conflictivas e incluso tanta falta de apoyo por parte de mis amigos. ¡Quién me lo iba a decir! Y menos mal que yo, en su momento (artículo 268, de fecha 13 de diciembre) no hice afirmaciones tajantes ni me dediqué a pontificar. Sólo dije que, por razones de eufonía, acostumbro a emplear le donde importantes escritores escriben la . Pero me han llovido las quejas y no me queda otro remedio que prometer que, de ahora en adelante, diré y escribiré la en lugar de le en oraciones del tipo siguiente:

“Se la nota más animada”. Aunque me siga sonando mal. Viene a ser una cosa así como si un padre decide imponer a su niña recién nacida el nombre de Pantaleona, habiendo, como hay, esos otros de Cataysa, Jennifer, Danoa y cosas así. Y, sin embargo, Pantaleona es un nombre que cuenta con todas las bendiciones. Se trata, simplemente, de que mi sentido de la eufonía y el que tienen otras personas son diferentes. Ni mejor ni peor: simplemente distintos.

Añado unas palabritas para Miki y Lolo. Escuchen: “Se la tiene por muy inteligente” es una oración correcta; la es complemento directo por méritos propios. Pero si decimos: “Su padre la dio un bofetón por testaruda”, caemos en un error porque la no es complemento directo; ese honor le corresponde a bofetón. Y se acabó lo que se daba. Paso a otra cosa.

Cuando yo estudiaba en La Laguna (entre 1946 y 1948), un condiscípulo estuvo muchas semanas tomándome el pelo (me llamaba mago del Norte) porque había conocido a una chica de mi pueblo que se expresaba a su aire y decía “por de fuera”. Yo trataba de defenderme asegurándole a mi amigo que no todos los habitantes de Garachico decíamos “por de fuera”; que sólo lo decían algunas personas. Llegué a pensar desde entonces, hasta hace poco tiempo, que aquella expresión era un canarismo. Luego supe que se trata de un modo arcaico de expresión. O sea: un arcaísmo. Nada grave, como pueden ver.

Pero Dios no abandona al que cría. Estoy leyendo “Caracteres y circunstancias”, de don José Ortega y Gasset. Y resulta que, en dos ocasiones, el ilustre pensador escribe “por de fuera” sin que se note que le tembló el pulso cuando cometió tal pecado. En la página 106 leo lo siguiente: “Las cosas que les pasan cáenles por de fuera; por esto, sus actos no aclaran…”. ¡Si mi condiscípulo hubiera leído en su día al Sr. Ortega…!

Pero hay más. En esta lectura que estoy haciendo, el famoso filósofo emplea la voz libertar, con la que yo no me he encontrado en muchos años. Y no la he escrito porque suelo emplear otro vocablo. Concretamente liberar. A mí me parecen dos palabras sinónimas, aunque de épocas diferentes. Algunas personas me dicen que no, y yo no sé qué debo hacer.

Don José escribe: “Esta explosión nos liberta del desequilibrio nacional” (pág. 122). Pero antes, en la 62, deja escritas estas palabras: “El libertarse de las cosas huyendo de ellas”. Yo, en tales casos, hubiera escrito, no sé si con éxito, libera y liberarse. ¿Serán o no sinónimas las palabras liberar y libertar?

El DRAE afirma de liberar lo siguiente: “Hacer que alguien o algo quede libre”; mientras que de libertar se afirma: “Librar a alguien de una atadura moral que tiene o podría tener”

La verdad es que se ve una ligera diferencia; pero si don José Ortega y Gasset ha escrito lo que ha escrito, uno se inclina a pensar que sus razones tendría para opinar así. O podría ser que se trate también de un arcaísmo como aquel de “por de fuera”.

Carlos Acosta Garcia (El Dia)

Published in: on enero 4, 2009 at 11:04 am  Dejar un comentario  

LAS CAMPANAS DE MI TORRE

garachico

Foto: Narciso Martínez

LAS CAMPANAS DE MÍ TORRE

SANTA ANA DE GARACHICO

Las campanas de mi torre
-campanas de otro vertiente-
tiene voz de tiempo ido
y hacen vibrar cuando hi
enden
el aire de las montañas
con su imparable torrente.
No suena como sonaran
otras campanas. Difieren

de su sonido y sus notas.
Y un no sé qué las convierte
en diapasón de alegría
cuando hay que reír; y ti
enen
dejes de tenue tristeza
en otras fechas. Mas siempre
con ese tono especial,
con esa luz diferente.

¡Mi torre de Santa Ana,
cómo hacia el cielo te yergues!
Quiero saber dónde esconden
el misterio de su duende
las fibras de tus campanas
cuando pregonan la muerte
tañendo lutos, y c
uando
va recorriendo la frente
un abejeo de júb
ilo
que brota de tus vaivenes.
¡Mi torre de Santa An
a!
alcázar, almena, fuerte,
pilar de antañonas voces
que se esconden en los pliegues
de recuerdos juveniles
y en el alma perm
anecen.
Cuando tu canto derramas,
cuando tu fragua se enciende
un tenaz escalof
río
en mis columpios se mece.

Carlos Acosta

Published in: on enero 2, 2009 at 6:54 pm  Dejar un comentario  
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